Planificación de la reconstrucción nasal tras la extirpación de un cáncer de piel

Reconstrucción después de la cirugía del cáncer de piel

¿Y después de la extirpación?

Aunque el objetivo principal de la cirugía del cáncer de piel, y especialmente de la cirugía de Mohs, es conseguir la extirpación completa del tumor, la conservación de la anatomía, de la función y de la fisonomía facial deben ser siempre incorporadas en la toma de decisiones.

Es comprensible preocuparse por la cicatriz, pero en determinadas localizaciones de la cara la reconstrucción va mucho más allá de conseguir una cicatriz poco visible. Mantener la simetría facial, la expresión, la estructura de la pirámide nasal o la función de los párpados puede ser tan importante como el propio cierre de la herida.

La experiencia, el estudio de la anatomía, de las circunstancias clínicas individuales de cada paciente, sus hábitos, son elementos imprescindibles en la planificación de la cirugía del cáncer de piel y claves del éxito de la reconstrucción.

Reconstruir no es simplemente cerrar una herida

Después de extirpar un cáncer de piel, la reconstrucción no consiste únicamente en cerrar el defecto quirúrgico. Por ello, la reconstrucción debe planificarse de forma individualizada desde el inicio de la cirugía, teniendo en cuenta no sólo el tamaño del defecto, sino también su localización, las estructuras afectadas y las características de cada paciente. El objetivo es conseguir un adecuado control oncológico y, al mismo tiempo, restaurar de la mejor forma posible la anatomía y la función de la zona intervenida, minimizando el impacto de la cirugía en la vida cotidiana del paciente.

Zonas especialmente complejas: nariz, párpados, labios, orejas y cuero cabelludo

Algunas localizaciones requieren una planificación reconstructiva especialmente cuidadosa porque concentran estructuras anatómicas y funcionales muy importantes. En la nariz, por ejemplo, es necesario preservar su forma, soporte y simetría; en los párpados, mantener una correcta protección del ojo y su función; en los labios, conservar tanto la movilidad como la competencia oral; y en la oreja o el cuero cabelludo, respetar el contorno y las particularidades de cada zona.

En estos casos, la reconstrucción debe adaptarse no sólo al tamaño del defecto, sino también a su profundidad, localización exacta y a las estructuras afectadas. El objetivo es conseguir una reparación estable y funcional, con el menor impacto posible sobre la anatomía y la apariencia del paciente.

¿Cómo se reconstruye un defecto quirúrgico?

La técnica reconstructiva se elige según el tamaño, la profundidad y la localización del defecto, así como la movilidad y las características de los tejidos próximos. Las opciones más habituales son el cierre directo, los colgajos y los injertos cutáneos.

Cierre directo

Cierre directo de un defecto quirúrgico mediante aproximación y sutura de los bordes

Cuando el defecto es pequeño y los bordes pueden aproximarse sin una tensión excesiva, la herida puede cerrarse directamente. Es la opción más sencilla siempre que permita preservar correctamente la anatomía y la función de la zona.

Colgajos o plastias

Reconstrucción de un defecto nasal mediante un colgajo de piel local

Un colgajo consiste en movilizar piel y tejido próximos al defecto manteniendo su propia vascularización. Es especialmente útil en áreas complejas de la cara, donde permite reconstruir utilizando tejidos de características similares y respetar mejor los contornos anatómicos.

Injertos

Reconstrucción de un defecto quirúrgico mediante un injerto de piel

El injerto consiste en cerrar el defecto con piel procedente de otra zona del cuerpo. El injerto se reserva para aquellas situaciones en las que no es posible reconstruir mediante cierre directo o colgajo por el tamaño, la localización o las características del defecto.

Zonas anatómicas de especial interés reconstructivo

Algunas localizaciones requieren una planificación especialmente cuidadosa porque pequeños cambios en su anatomía pueden tener importantes consecuencias funcionales y estéticas. La nariz, los párpados, los labios, las orejas y el cuero cabelludo presentan características propias que condicionan la elección de la técnica reconstructiva.

En la nariz es importante preservar su contorno y estructura; en los párpados, mantener una correcta protección y función ocular; en los labios, conservar la movilidad y la competencia oral; y en la oreja o el cuero cabelludo, respetar su anatomía y las características particulares de los tejidos.

En tumores de alto riesgo localizados en estas áreas, la cirugía de Mohs puede ser especialmente útil al permitir un control microscópico de los márgenes preservando al máximo el tejido sano. Una vez extirpado completamente el tumor, la reconstrucción se planifica de forma individualizada sobre el defecto quirúrgico resultante.

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